Origen de la American Cola
American Cola es la cola que forma parte del catálogo de productos de SPAR, una de las grandes cadenas internacionales de supermercados. No estamos, por tanto, ante una marca independiente nacida para competir por sí misma con Coca-Cola o Pepsi, sino ante un refresco vinculado a la distribución y pensado para ofrecer una alternativa de cola dentro de los establecimientos SPAR. Su nombre, American Cola, hace una referencia evidente al origen estadounidense de la cultura de la cola y al imaginario asociado a este tipo de refrescos.
SPAR tiene sus orígenes en los Países Bajos, donde fue fundada en 1932, y desde allí comenzó una expansión que la llevó a estar presente en numerosos países. Como sucede con otras grandes cadenas de supermercados, la compañía cuenta con un amplio catálogo de productos propios que permiten cubrir diferentes categorías de alimentación y bebidas. American Cola se sitúa precisamente en ese terreno: una cola pensada para el consumo cotidiano y capaz de ofrecer una alternativa a las marcas más conocidas, normalmente con un precio más competitivo.
Las colas de marca de supermercado tienen además una función interesante dentro del mercado de refrescos. Parten de una fórmula y un perfil de sabor que el consumidor conoce perfectamente, pero intentan ofrecerlo sin el sobreprecio asociado a las grandes marcas. En el caso de American Cola, el resultado es una interpretación propia de la cola clásica, con una identidad sencilla y directamente reconocible. Una bebida que demuestra hasta qué punto el modelo de la cola se ha convertido en un estándar internacional y que permite a SPAR competir también en una de las categorías más populares de los refrescos.
Cómo la conseguí
Enredando en un supermercado de Barcelona.
Nota de cata
American Cola Zero tiene un sabor correcto, aunque deja un regusto bastante desagradable y persistente, ese característico posgusto que solemos encontrar en muchas colas sin azúcar. El dulzor está presente, pero el final resulta menos limpio que en una cola convencional.
Además, tiene un punto ácido bastante marcado que se aprecia especialmente cuando se bebe directamente de la lata. Esa acidez aporta algo de frescura, aunque también acentúa ciertas sensaciones artificiales del conjunto.
En definitiva, no está mal para ser una cola zero. Cumple su función y resulta bebible, pero el regusto final es claramente su punto más flojo.
