Origen de la Cola Dia
La historia de la Cola DIA está ligada a la propia evolución de la marca blanca de los supermercados DIA. La compañía nació en Madrid en 1979 y apenas cinco años después, en 1984, creó oficialmente su marca propia y comenzó a comercializar productos con la identidad DIA. Dentro de esa estrategia de ofrecer productos cotidianos a precios ajustados se encuadra su gama de refrescos, entre ellos la cola, concebida como una alternativa económica a las grandes marcas internacionales.
Actualmente, el refresco se comercializa bajo el nombre DIA Hola Cola y forma parte de la oferta habitual de los supermercados DIA. La compañía no presenta públicamente una historia detallada sobre cuándo apareció exactamente la primera Cola DIA, por lo que no es posible establecer con seguridad un año concreto de lanzamiento. Lo que sí sabemos es que se trata de un producto de marca propia fabricado por terceros: la versión clásica que actualmente vende DIA figura como elaborada por COCEDA, S.L., empresa con sede en Gavà (Barcelona).
La Cola DIA representa, por tanto, uno de los ejemplos más claros del modelo de marca blanca: un refresco diseñado para competir en precio dentro de una categoría dominada históricamente por Coca-Cola y Pepsi. La actual Hola Cola clásica es una bebida refrescante aromatizada con azúcar y edulcorantes, mientras que la gama se ha ampliado con versiones Zero y sin cafeína, fabricadas incluso por otros proveedores. Más que una cola con una tradición independiente, su origen está en la estrategia de DIA de crear productos propios capaces de cubrir las necesidades básicas de sus clientes manteniendo uno de los principales reclamos históricos de la cadena: calidad y precio.
Cómo la conseguí
Es un supermercado Dia de Zaragoza.
Nota de cata
La Cola DIA es de esas marcas blancas que, mucho antes de que se pusiera de moda hablar de craft, bebidas premium y mierdas por el estilo, hicieron su trabajo con una dignidad bastante considerable. Fue un auténtico icono de los botellones de los años 90 y primeros 2000: barata, fácil de encontrar y perfectamente preparada para acabar dentro de un vaso de plástico junto a un buen chorro de vino. De hecho, todavía hoy se recuerda aquella época en la que la Cola DIA formaba parte del arsenal básico del botellón.
En cata, tenía un parecido sorprendentemente razonable con la Coca-Cola original. Evidentemente, no jugaba en la misma liga, pero conseguía reproducir bastante bien ese perfil clásico de cola: dulzor marcado, notas de caramelo, un punto especiado y una acidez suficiente para que el conjunto resultara reconocible. No era una de esas imitaciones que sabían simplemente a agua azucarada con colorante. Tenía personalidad propia, pero mantenía suficientes semejanzas con la cola de referencia como para engañar al paladar poco exigente de una noche de fiesta.
Y donde realmente demostraba su vocación era mezclada con vino. La Cola DIA funcionaba especialmente bien en el clásico calimocho: el dulzor y los aromas de caramelo de la cola redondeaban el vino, mientras que el gas aportaba frescura y hacía que el conjunto entrara peligrosamente fácil. Era, en definitiva, una cola sin pretensiones pero tremendamente funcional: barata, reconocible y capaz de cumplir perfectamente su cometido. Hoy la marca sigue existiendo bajo el nombre Hola Cola y la versión clásica se comercializa como bebida refrescante aromatizada con azúcar y edulcorante.
